After Corunna

Slowly and sadly, we laid him down

From the field of his fame, fresh and gory

We carved not a line, we raised not a stone

But we left him alone with his glory

Charles Wolfe.

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La leyenda del espejo

Un haz de luz que desciende del cielo se proyecta en ti y rebota hasta ser visible a millas de distancia. Un marinero a la deriva la identifica. Podrá llegar a la costa.

Me asomo a ti, y me ofreces un reflejo perfecto, una imagen casi idéntica, una fotocopia a color de mi mismo. Se me hiela la sangre. Me toco el rostro.

¿Es esta la realidad? Me hallo dubitativo. Quiero creer que sí. Pero no son más que pequeños hábiles engaños de los que decido ser partícipe. No soy la brisa del mar. No soy el faro que alumbra. Y desde luego no soy ese contraluz, esa versión mitificada que me ofrece tu cristal.

 

Normal

Me levanto, 7:14:12, con tiempo suficiente para llegar pronto al trabajo, aunque siempre acabo llegando justo porque soy muy de estar en la silla de mi habitación con el café y vagabundeando en Internet para despertar. Es más, aunque me despertase una hora antes, así seguiría siendo. Me ducho, doble sesión de jabón. Salgo e ignoro las luces de Navidad que llevan puestas desde mediados de Noviembre (y cuánto más tiempo las pueda ignorar, mejor). Llego. Hoy tengo 4 horas de labor con gente muy pesada. Vuelvo. Dos novios barriobajeros se gritan, es casi una estampa cotidiana. Recojo el correo. Factura, factura y recoja su regalo en el Hotel nosequé, promoción exclusiva. Como si no me llegase con el spam electrónico. Como (nada sofisticado) y bajo a tomar el café de media tarde. Rajo y critico. Paso la tarde jugando. A las 00:00 llega mi apogeo, pues soy animal nocturno, pero a la media hora tengo que meterme en cama, a divertirme con mi insomnio parcial que sólo me abandona cuando no tengo en qué pensar (a mi cabeza le parece improbable que eso ocurra, así que doy vueltas y descoloco la sábana, mañana me dolerá la garganta).

No es nada fuera de lo normal, pero no me gusta menospreciar lo que pasa cuando no pasa nada. Al fin y al cabo, es el grueso de lo que se vive.

Tostadas

Uno de tantos puntos malos de madrugar para algo (generalmente, para trabajar), es no poder desayunar con tranquilidad. Ese momento fugaz que dura tan poco entre semana, pero que con tiempo se convierte en un ritual. Coges los cereales y pones en un bol una cantidad desmesurada, pero que luego sabrá a poco. Preparas el café, te sale hirviendo para que así te dé tiempo a preparar el resto. Hay muchas alternativas para un desayuno, pero yo soy muy de tostadas. Tengo un tostador del año de la polka. Si lo pongo en el número 4, la tostada no se dora lo suficiente, pero si lo pongo en el 5, se quema ligeramente. El 4,5 no existe, y tostarlas de nuevo en el 1 es un coñazo. Pero bueno, a veces debes de aceptar que no todo puede salir exactamente como tú quieres. El último paso es echar el zumo, para que no se le pierdan las vitaminas. Todavía no he probado desayuno mejor. Dulce, ácido y amargo. Como si fuera la evolución de mi carácter.

Puedes acompañarlo viendo alguna serie o leyendo algo que te guste. No recomiendo periódicos para una desconexión total. Ese es el momento en que da igual lo que pase, tú estás en una burbuja y nadie ni nada pueden tocarte.  Sólo el tiempo puede agujerear la coraza en la que has ido volando a otra parte. De repente es casi ya la hora de comer y todo es muy jodido, Drive está sobrevalorada y la vida también.

Tengo un amigo que no desayuna, y de verdad que no lo comprendo. Todo el mundo debería desayunar, por una cuestión de salud. Aunque lo haga a las 8 de la tarde.